¿Qué es la agorafobia y cuál es su tratamiento?

Autora: Fátima Servián Franco

#Agorafobia #Pánico


La agorafobia es un trastorno de ansiedad que consiste en el miedo a las situaciones cuya evitación es difícil o embarazosa, o donde no se puede recibir ayuda en caso de sufrir una crisis de pánico.


El trastorno se genera probablemente por alguna experiencia negativa por parte de la persona, quien al evitar las situaciones parecidas está desarrollando un mecanismo de aprendizaje que hace permanecer el problema. Entre los factores de riesgo se pueden incluir episodios relacionados con intensos niveles de pánico o experimentar eventos estresantes, incluido el abuso sexual o físico durante la infancia.


Los ataques de pánico pueden surgir súbitamente en cualquier situación agorafóbica, cuando la persona se encuentra en un estado de activación y ante un estrés especifico. Una vez experimentado el primer evento agorafóbico, la tendencia será evitar dicha situación, para posteriormente generalizar esta evitación a otras situaciones. Esto se convierte en la causa principal de la incapacidad de los pacientes, mientras que, en ocasiones, por la gravedad de sus temores, quedan confinados en sus hogares a una vida social limitada.


Los miedos y temores que producen los ataques de pánico en situaciones agorafóbicas pueden ser externos o internos. Los miedos externos se dan en lugares públicos (conciertos, estadios, atravesar túneles, puentes) y en general, en situaciones de las que son difícil huir.


Asimismo, otros temores corresponden a factores internos: preocupación excesiva por las respuestas somáticas (palpitaciones, mareos, ahogos, temblores) miedo intenso a los trastornos de pánico, temor a perder el control o a volverse loco, e incluso temores a cualquier interacción social.


El tratamiento cognitivo-conductual de la agorafobia es el más exitoso entre los utilizados y se basa en someter al paciente a una exposición gradual a las situaciones que típicamente le provocan la ansiedad.




No temas ni a la prisión, ni a la pobreza, ni a la muerte. Teme al miedo.
-Giacomo Leopardi-

Causas y síntomas

La agorafobia suele incluir o desarrollar en la persona afectada otras fobias más específicas, tales como estar o quedarse solo/a, fobia a los lugares cerrados, a las alturas, al agua, a estar rodeado de gente, a las enfermedades, al día o a la noche o al tiempo/clima.


La gran mayoría de las personas agorafóbicas experimentan una serie de emociones desencadenadas por la respuesta de ansiedad al ser sometidas o expuestas al estímulo causante. El afectado siente intensas sensaciones fisiológicas que aparecen súbitamente o como venidas de la nada, aumentando gradualmente y apareciendo una tras otra o varias combinaciones a la vez, según la persona entre en un estado emocional agudo. Estas sensaciones generalmente son:

  • taquicardia.

  • ráfagas de calor/frío.

  • calor, sudor.

  • temblores.

  • ahogo, hiperventilación.

  • mareo.

  • sensación de irrealidad.

  • dolor u opresión en pecho.

  • fatiga o cansancio.

  • náuseas, dificultad para tragar.

  • visión borrosa o sensación de ver luces.

  • pinchazos, calambres, palidez.




El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar

¿Cómo surge el pánico en una persona agorafóbica?


Lo primero a resaltar es que la ansiedad, pero sobre todo el pánico, solo aparece en ciertas condiciones, provocado por situaciones, estímulos ambientales o corporales muy específicos.


Las principales situaciones que existen en una persona agorafóbica son las siguientes:


1- Ataque de pánico en una situación agorafóbica. Este es un ataque de modo previsible provocado por el estímulo externo (lugar), ya que la persona ha tenido ataques en la misma situación y cree que hay muchas posibilidades de sufrirlo nuevamente, lo cual hace que aumente su temor, y al final termina teniendo el ataque.


2- Ataque de pánico previsible en una situación segura. Este ataque surge a raíz de estar muy activado emocionalmente, ya sea por alegría, estrés, tristeza, enfado o preocupación, sin importar si se está en una situación donde la persona se sienta segura.


3- Ataque de pánico imprevisible en una situación segura. En este caso, el pánico sucede cuando la persona se encuentra en un sitio catalogado por ella misma como “seguro” o de “antipánico” y su estímulo disparador es interno. De pronto y sin previo aviso el cuerpo toma ciertas funciones fisiológicas o cambios corporales vitales que hacen que la persona los malinterprete con pensamientos catastróficos (autovigilancia), produciendo una gran cantidad de ansiedad y al final termina con el ataque.


4- Ataque de pánico por anticipación. Aquí la persona asegura que sufrirá un ataque si es expuesta al estímulo disparador de ansiedad, lo cual hace que sufra el ataque aún sin antes haber sido expuesta al estímulo. Esto sucede debido a que la persona siente ansiedad momentos antes de su exposición al factor desencadenante, por lo que se anticipa a éste instantes previos a enfrentarlo, y su ansiedad es tal, que culmina en lo que intenta evitar, pánico.





El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son
-Tito Livio-

Tratamiento adecuado para la agorafobia


Primero hay que explicarle al paciente en qué consiste su trastorno, cuales suelen ser las causas, por qué se está manteniendo y en que va a consistir el tratamiento.


El tratamiento ira encaminado a superar los miedos del paciente para que pueda llevar una vida normal. Este objetivo general englobaría, por su parte, otros objetivos más específicos que el paciente iría cumpliendo de forma progresiva mientras está en terapia.

Una vez que el paciente conoce su trastorno mediante las sesiones de psicoeducación y cuáles son las opciones de tratamiento, podemos comenzar con la terapia en sí. Nos centraremos en la terapia cognitivo-conductual por ser la que más respaldo empírico ha recibido. El tratamiento tendrá dos partes bien diferenciadas: una parte cognitiva y otra conductual.


El objetivo es por un lado que la persona modifique sus creencias e ideas erróneas sobre sus síntomas y sobre las situaciones en las que ha de desenvolverse; por otro, que sea capaz de exponerse a dichas situaciones libres de conductas de seguridad, con el objetivo de que la ansiedad descienda y de que a su vez, se modifiquen sus pensamientos distorsionados.





Modelo de tratamiento


(1) Observación y compresión del trastorno: Este componente pretende establecer las bases para la reestructuración cognitiva. Introduce las diferencias entre las crisis de ansiedad y la ansiedad generalizada, el estrés y el papel que desempeña cada uno en el comienzo y mantenimiento del trastorno.


A través de los autoregistros, introduce la observación objetiva de las sensaciones y situaciones que desencadenan las crisis. Su práctica es fundamental para evaluar las recaídas, que por su efecto depresógeno, tienden a desvirtuar los avances realizados. La comprensión del modelo de las crisis de ansiedad y de lo que no puede pasar como consecuencia de la ansiedad, disminuye el miedo lo suficiente como para enfrentarse a la exposición.


(2) Técnicas de control físico: respiración diafragmática y entrenamiento en relajación muscular. No se pretende que estas técnicas se utilicen para reducir o «controlar» las crisis de ansiedad, sino para disminuir el estado general de activación. Es decir, tienen más que ver con la ansiedad generalizada y, en todo caso, detectar señales mínimas de ansiedad para poder reducirlas. Digamos que tienen una finalidad más preventiva y que sólo surten efecto si se practican de forma regular (y no cuando se