La inteligencia emocional. La inteligencia olvidada

Autora: Fátima Servián Franco


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La inteligencia emocional se define como la habilidad para percibir, asimilar, comprender y regular las propias emociones y las de los demás, promoviendo un crecimiento emocional e intelectual. De esta manera se puede usar esta información para guiar nuestra forma de pensar y nuestro comportamiento.


Desde muchas perspectivas, inclusive la psicológica, se entendía que la inteligencia se basaba exclusivamente en la capacidad de elegir, entre varias posibilidades, aquella opción más acertada para la resolución de un problema, dejando a un lado los aspectos emocionales. Esto ha experimentado un gran cambio incluyéndose a la inteligencia emocional como un parámetro clave de la inteligencia, junto al conocido coeficiente intelectual, e incluso dotando a ésta de más valor para la adaptación al ambiente de los individuos.


Características de la inteligencia emocional:

  1. Capacidad de motivarnos a nosotros mismos.

  2. Capacidad de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones.

  3. Capacidad de controlar los impulsos.

  4. Capacidad de regular nuestros propios estados de ánimo.

  5. Capacidad de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y la capacidad de empatizar y confiar en los demás.



Sino responsabilizamos a los demás por nuestros éxitos, ¿porqué los responsabilizamos de nuestras emociones?


El  grado de dominio que alcance una persona sobre las habilidades emocionales resulta decisivo para determinar el motivo por el cual ciertos individuos prosperan en la vida mientras que otros, con un nivel intelectual similar, acaban en un callejón sin salida.


Cuando hay un déficit de estas habilidades, tendemos a estar más irritables, ansiosos, y “peleados con el mundo”. Nuestra manera de sentir y de pensar, provoca, mantiene o aumenta nuestros estados psicológicos, por lo tanto, en nosotros está, aprender a controlarlos. Una baja inteligencia emocional es el perfecto caldo de cultivo para crear conflictos en el trabajo, con nuestro entorno y lo que nos impide avanzar en las relaciones personales.


La mayoría de las veces, las personas con baja inteligencia emocional están en un constante circulo vicioso. Al no ser capaz de regular sus propios estados de ánimo recurren con facilidad a “culpar” a los demás de su malestar emocional.



Son verdaderos especialistas, sin saberlo, en tener un locus de control externo sobre sus sentimientos y emociones, al colocar en manos de los demás su bienestar personal. A nadie se le ocurriría dejar a los demás hacer una entrevista de trabajo por nosotros, pero, por el contrario nos venimos a bajo cada vez que alguien nos frustra al no cumplir con nuestras  expectativas emocionales.


Tolerar las presiones y frustraciones es un aspecto sobre el que hay que trabajar desde la infancia, educando desde un reforzamiento parcial intermitente, donde a veces se consiguen los objetivos y a veces no. Sino educamos a los generaciones venideras en una frustración adaptativa, estaremos educando a una sociedad que llora y patalea cada vez que no consigue un objetivo en vez de perseverar y seguir motivándose.



Las emociones, las grandes olvidadas


Una adecuada inteligencia emocional nos acerca a razonar sobre lo que normalmente no razonamos. En nuestro sistema educativo y familiar se nos enseña sobre valores, culturas y normas, pero poco o nada sobre lo que sentimos. No existe un aprendizaje formal y regulado para aprender a identificar y expresar lo que se siente y porqué se siente.


La inteligencia emocional es la gran olvidada de las inteligencias, dejando en la sociedad un vacío y un sinfín de conflictos interpersonales. Por ejemplo, la falta de capacidad para controlar impulsos responde a una pobre educación emocional; al experimentar reactividad emocional y conflicto interno producido por nuestras emociones reaccionamos sin comprender porque se ha producido esa emoción queriendo solo  deshacernos de ellas sin saber lo que nos quiere trasmitir.



Es decir, si la emoción es producida para responder a una situación determinada, o como indicadora de un desajuste emocional. Si actuamos con impulsividad nunca llegaremos a comprender lo que esa emoción nos quería trasmitir.


Una correcta inteligencia emocional nos permitirá:

  1. Tomar conciencia de nuestras emociones.

  2. Comprender los sentimientos de los demás.

  3. Tolerar las presiones y frustraciones que soportamos en el trabajo.

  4. Acentuar nuestra capacidad de trabajar en equipo.

  5. Adoptar una actitud empática y social que nos brindará mayores posibilidades de desarrollo personal.

  6. Participar, deliberar y convivir con todos desde un ambiente armónico y de paz.



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